Pecados episcopales - Surandino

Pecados episcopales en el Sur Andino                             Fecha 20/9/2008

En la comunicación que el Obispo de la Prelatura de Juli, José María Ortega Trinidad, dirige al Padre James M. Linch, Superior Regional de la Sociedad de Maryknoll en América Latina, deja claro que, indefectiblemente el 31 de diciembre del año en curso se dará término al Convenio entre la,Sociedad Maryknoll y la Prelatura de Juli. Paradójicamente, el mismo domingo que el Obispo Ortega firmaba la carta, en Roma, Benedicto XVI señalaba: “Quiero recordar que este mes está tradicionalmente dedicado al Corazón de Cristo,  pues expresa de una manera sencilla y auténtica la buena noticia del amor...”.

No obstante, la noticia que días después recibirían Linch y los misioneros de Maryknoll, asentados hace 65 años en el altiplano peruano, no sería interpretada como buena, mucho menos como un acto de amor. Ya desde abril del 2006, en que Ortega fue nombrado Obispo de Juli, las tensiones al interior de la Iglesia en el Sur Andino eran evidentes; meses antes, el sodálite Kay Martín Schmalhausen Panizo, había recibido la investidura episcopal en la Prelatura de Ayaviri.

Al sur y al norte de Puno la ofensiva conservadora había comenzado y con ella, una suerte de extirpación de idolatrías que tenía como objetivo la expulsión de sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos. El primero fue Francisco Fritsch quien tuvo la “osadía” de preguntar en medio de la celebración de toma de posesión de Schmalhausen, “¿por qué el pueblo quechua, luego de 500 años de evangelizació n, no tenía un Obispo quechua?”.

Tanto Fritsch como los misioneros de Maryknoll forman parte de un grupo de misioneros y misioneras que dejaron sus países para insertarse en el mundo andino. Según el Padre Hilario Huanca, ellos aportaron en la construcción de “una Iglesia que ha buscado ser fiel a su misión en una realidad marcada por la extrema pobreza y la violencia política”, hecho que ha sido reconocido por el Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación; aunque quizá, ello diste mucho de la perspectiva evangelizadora de Ortega y Schmalhausen quienes en 2006 en Königstein (Alemania), declararon para un medio católico que “durante las tres décadas pasadas - los intereses sociales se han enfatizado demasiado en desmedro del -cuidado pastoral para las poblaciones indígenas”.

Desde entonces, los sacerdotes Maryknoll, Jaime Madem, Roberto Hoffmann, Miguel Briggs y Edmundo Cookson, han sido víctimas de denuncias verbales ventiladas públicamente por el Obispo Ortega Trinidad. A contracorriente de esta posición episcopal, los misioneros de Maryknoll fueron reconocidos por la Municipalidad Provincial de Puno el 4 de Noviembre del 2007, con la Orden “Comunidad Andina en grado de los Uros” como muestra de gratitud a su labor evangelizadora y su aporte al desarrollo puneño.

Otro reconocimiento similar llegó de la Federación Departamental de Campesinos de Puno, quienes les otorgaron el reconocimiento “Tupac Amaru” como máxima distinción. La contribución de los Maryknoll en el altiplano, inspirada claramente en las orientaciones conciliares de Vaticano II, tiene entre sus aportes más importantes: la creación del Instituto de Educación Rural en Juli, la edificación de complejos parroquiales, el establecimiento de Cooperativas de Ahorro y Crédito, la puesta en marcha de escuelas parroquiales, así como la promoción de bibliotecas y botiquines comunales y su apoyo a la alfabetización mediante las Escuelas Radiofónicas de Onda Azul, emisora de la Diócesis de Puno que ellos constituyeron y cuyo rol, junto con la Vicaría de Solidaridad, fue decisivo en la promoción y defensa de los derechos humanos durante la época de la violencia política.

Atrás quedarán los esfuerzos intelectuales por comprender el mundo aymara a través del Instituto de Estudios Aymaras (IDEA), fundado en 1974 por los misioneros de Maryknoll, el que seguramente correrá la misma suerte que el Instituto de Pastoral Andina (IPA) tomado, casi por asalto, por los noveles Obispos tan preocupados en “afrontar las secuelas de décadas de mucha ideología”, según sus propias declaraciones.

Lo más preocupante es que la idea de una Iglesia comprometida con los pobres tan pregonada por el catolicismo se reduzca a simple rito sin contenido, en un contexto como el del Sur Andino en el que la marginación, las inequidades e injusticias son apremiantes.

Por ello, llama la atención que la Prelatura de Ayaviri haya aceptado administrar un fondo de US$ 9 millones, de la cuestionada empresa minera MINSUR y que en la Prelatura de Sicuani, el Obispo Miguel La Fay Bardi, actual presidente del IPA, esté siendo cuestionado por los campesinos de la comunidad de Huayllojo (Cusco), por no querer devolverles las tierras que tradicionalmente han sido suyas. Igualmente preocupante resulta que el Obispo de Juli, haya decidido no renovar el contrato de
permanencia a los misioneros de Maryknoll. Hechos que denotan una vuelta hacia viejas prácticas medievales de una Iglesia vinculada al poder y de espaldas a los pobres.

Asimismo, en oposición a lo pregonado por los Obispos Ortega y Schmalhausen, el documento conclusivo de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano de Aparecida (Brasil) señala que: “se compromete a llevar a cabo una catequesis social incisiva, porque la vida cristiana no se expresa solamente en virtudes personales, sino también en las virtudes sociales y políticas”.

En ese sentido, es evidente que estos nuevos “pastores” hablan a título personal y no en nombre de la Iglesia Latinoamericana, cuya voz ha sido recogida en dicha Conferencia. En suma, los deslices de las nuevas autoridades eclesiales no hacen más que expresar su rechazo a la Iglesia como institución.

No se trata de polémicas entre conservadores y progresistas, sino de actitudes de quienes reconocen al otro como prójimo y de quienes realmente están comprometidos o no, con aportar a que la marginación y las inequidades sean superadas. No obstante, hay algunos a quienes les interesa volver al esquema medieval de una Iglesia vinculada al poder, usada como instrumento de dominación y sumisión.


LA INCIERTA NAVIDAD DEL PADRE FRANCISCO    Por: Wilfredo Ardito Vega (*)

Despacho: Agencia ADITAL, 24 Dic. 2006. 

En estos tiempos, muchas personas critican a la práctica religiosa como una repetición monótona de rituales externos, llevados a cabo para complacer a una divinidad punitiva y arbitraria. En un país como el Perú, esta perspectiva casi mágica de la religión puede ayudar a las personas a evadirse de sus problemas cotidianos. Sin embargo, varios episodios recientes nos muestran situaciones muy distintas: el lunes, los vecinos de Barranquita, en San Martín, encontraron la iglesia de madera pintarrajeada con amenazas al párroco italiano Mario Bertolini.

El responsable no sería otro que Francisco Pashanasi, el alcalde saliente del partido aprista, quien a nombre de la municipalidad, declaró hace unas semanas a Bertolini persona no grata, acusándolo de "divisionista, conflictivo, proselitista político, agitador y marginador del pueblo y desarrollo social".  En realidad, Bertolini, desde la radio La Voz de Caynarachi, ha venido apoyando a los campesinos en su lucha por defender sus tierras de las ambiciones de la empresa Palmas de Espino.

La empresa, del grupo Romero, contaba con el respaldo de Pashanasi, pero éste ha perdido las elecciones y su sucesor será un dirigente campesino. Las pintas serían una venganza contra el párroco. El obispo de Yurimaguas, José Luis Astigarraga, ha respaldado públicamente la labor social de Bertolini, recordando que esas tierras siempre han sido de los campesinos.

Entretanto, también la semana pasada, el obispo de Cajamarca Carmelo Martínez y numerosos sacerdotes expresaron su condena e indignación frente a los operativos de seguimiento y las campañas de difamación contra Marco Arana y otros dos sacerdotes (RP 111, 122, 124). Los sacerdotes y el obispo exigieron también una profunda investigación y "sanciones ejemplares a los autores materiales e intelectuales de actos que van en defensa de la vida y del medio ambiente".

La referencia a los autores intelectuales es interesante, porque según el diario La República, detrás de estos hechos estarían las empresas Forza y/o Yanacocha.  Hace algunos meses, los sacerdotes cajamarquinos suscribieron otro pronunciamiento citando a Juan Pablo II, cuando advertía preocupado: "Las razones de producción prevalecen a menudo sobre la dignidad del trabajador, y los intereses económicos se anteponen al bien de cada persona, o incluso al de poblaciones enteras".

Ahora bien, en otros lugares del Perú, es más difícil para un sacerdote mantener su compromiso con los más pobres: el pasado lunes, en la Biblioteca Nacional la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos otorgó un reconocimiento especial a Francisco Frisch, quien después de 35 años al servicio de los derechos humanos en Puno debe retirarse por decisión del nuevo obispo de Ayaviri.

La partida de Frisch se une otros traslados no deseados y a la renuncia de cinco sacerdotes que enseñaban en el seminario de Juli. Los nuevos obispos de Juli y Ayaviri perciben que en las últimas décadas, la Iglesia del Sur Andino, tan comprometida con los derechos de los campesinos, desde la lucha por la tierra hasta el enfrentamiento con los grupos subversivos, no ha desarrollado un trabajo evangelizador, sino más bien político.

Ambos jerarcas sostienen que ni la gobernabilidad de la región, ni el seguimiento a las recomendaciones de la Comisión de la Verdad ni el acompañamiento a las rondas campesinas (ya no digamos el pronunciamiento de sus predecesores sobre el TLC) son acciones que le correspondan a la Iglesia.  En este panorama, los dos principales organismos de derechos humanos de la región, las Vicarías de Solidaridad de Juli y Ayaviri, corren el peligro de ser desmantelados en cualquier momento.

No queremos señalar, sin embargo, que los nuevos obispos sean insensibles hacia la pobreza lacerante de sus diócesis. La diferencia estriba es si la pobreza debe ser atendida sólo mediante actos caritativos (que en realidad buena falta nos haría practicarlos a los peruanos) o fomentando en los pobres la toma de conciencia sobre sus derechos. Este último enfoque es el que corresponde a la Teología de la Liberación, cuyo principal referente peruano ha sido Gustavo Gutiérrez. Precisamente, el 1º de septiembre la Conferencia Episcopal anunció que, según la Congregación para la Doctrina de la Fe, no existen objeciones teológicas o pastorales a las enseñanzas de Gutiérrez. Sin embargo, los medios de comunicación evitaron difundir este pronunciamiento, porque, claro, quienes tienen poder no desean admitir que la pobreza es un pecado social o que los pobres tienen derecho a luchar por su liberación.

Esperemos que el ejemplo de los obispos de Cajamarca y Yurimaguas ayude a reflexionar a sus colegas de Juli y Ayaviri, pero el ánimo de los sacerdotes y religiosas que trabajan en el Sur Andino parece mas bien representado por el mensaje navideño del Padre Frisch que adjuntamos. En medio del periodo más consumista del año, hacemos llegar nuestra solidaridad a todos aquellos que creen que Jesús no vino al mundo para ser recordado en una celebración de ostentación y de opulencia, sino para ayudarnos a construir una sociedad más justa y más humana.

(*) Abogado, responsable de  de Aprodeh.

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