José Dammert - El buen pastor..

José Dammert Bellido - El buen pastor de una “Iglesia de Poncho y Sombrero (1)
Por: Dr. Willi Knecht, doctor en Teología, Alemania. Cajamarca, 20 de agosto 2005

Introducción

En los Andes del Norte del Perú, en los años 1962/63, empezó a brotar en los corazones de los humildes una esperanza; una esperanza en una vida llena de dignidad, de justicia y de ser todos los hijos del mismo Padre. Por el evangelio, que escucharon por primera vez, descubrieron que el mismo Dios, Jesucristo, había nacido entre ellos para compartir todos sus sufrimientos y todas sus esperanzas. Era en la misma región, donde un padre español dio la señal para la captura de Atahualpa, y así comenzó la época más triste de la historia milenaria de nuestro pueblo de Cajamarca.

Después de 430 años de masacres, de desprecio y de haber robado todo lo que les pertenecía, llegó un pastor, con un corazón abierto para los campesinos. Les enseñó con su testimonio de humildad el verdadero mensaje de Jesucristo. Su llegada a Cajamarca coincidió con el comienzo del Concilio Vaticano II.

En su inauguración habló Juan XXIII de la necesidad de una Iglesia con los pobres y de los pobres como la manera más auténtica de ser la Iglesia de Jesucristo. El caminar de esa “Iglesia de poncho y sombrero” (ver “Vamos Caminando”) llamó la atención de cristianos hasta en los países ricos, despertando en ellos un interés y una solidaridad con los más necesitados. Pero lo más importante: los marginados de siempre se sentían por primera vez escuchados y respetados, y más: se sentían ser promotores de su propio destino. “Descubrimos que también somos gente”. El primer catequista-campesino del mundo (con la autorización papal de bautizar y anunciar el Reino de Dios), lo expresa así: “Monseñor Dammert me ha enseñado que soy persona, cristiano y peruano”. O con las palabras de J. M. Arguedas: “Me ha enseñado que más quiun animal vale un cristiano”.

Los más despreciados, los pastores de los Andes y de Belén, son los primeros en escuchar el mensaje de una tierra nueva y de un cielo nuevo. En la noche de una larga historia se abre el cielo y baja a la tierra, la luz entra en los corazones y les enseña el camino, y siguiendo a la estrella llegan a una choza y ahí descubren en un pesebre al salvador - mientras los sabios de Jerusalén y los poderosos de Roma ni saben escuchar el mensaje ni ver la estrella, por creerse la luz ellos mismos.

I. Monseñor José Dammert - un retrato

1. Datos biográficos:

Nació en Lima el 20 de agosto de 1917. De 1934 a 1938 estudia en Italia (Pavía y Roma): doctorado en jurisprudencia y cursos de perfeccionamiento en derecho romano. 1939 - 1958: Secretario general de la Universidad Católica en Lima y profesor de derecho romano y Presidente diocesano de la Juventud Católica. Marzo 1941: ingresa al Seminario de Santo Toribio en Lima: estudios de filosofía y teología en la Facultad de Teología. Participó en las Asambleas del Secretariado Inter-Americano de Acción Católica en Chimbote 1952, Guadalajara 1961 y Buenos Aires 1965.

Ordenado sacerdote el 21 de diciembre de 1946. Catedrático de derecho romano, derecho canónico e historia de la Iglesia en la Universidad Católica. Vice-Rector de la Universidad (PUCP) en 1952 - 1958. Secretario del Conferencia Episcopal Peruana de 1957 a 1962. Consagrado obispo auxiliar de Lima el 15 de mayo de 1958; Vicario general de Lima. Preside las Semanas sociales de Lima y Arequipa en 1959 y 1961.

Nombrado obispo de Cajamarca el 19 de marzo de 1962. Participó en las 4 sesiones del Concilio Vaticano II. Delegado del Perú al CELAM; primer presidente del departamento de Apostolado de los Laicos. Participa en la Conferencia episcopal de Medellín en 1968 y Santo Domingo, 1992. Delegado del episcopado peruano en los sínodos de 1967, 1969, 1971, 1977, 1980. Vice-Presidente de la Conferencia episcopal desde 1974. Consultor de la Pontífica Comisión para la renovación del derecho canónico. Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana de 1990 - 1992 (hasta el 30 de noviembre 1992). 1992 renuncia (agosto) y despedida de Cajamarca, el 9/10 de diciembre de 1992.

2. Sus raíces:

La familia Dammert tiene sus raíces en Alemania, su abuelo era alcalde de Hamburgo. Estudió en un colegio alemán, sin aprender bien el alemán. La familia Dammert - Bellido se movía en Lima entre la capa alta de la ciudad. Su madre era la fundadora de la sección femenina de la Acción Católica en el Perú. La opción por los pobres nace del ejemplo de su madre y por conocer más de cerca a Charles de Foucauld.

Su personalidad influyó en la pretensión de una iglesia que no solo debe identificarse con los pobres sino ella misma debiera ser pobre. Para esto, Dammert, hacía todo lo posible. En efecto, el obispo debería mostrar su intensión a través de su forma de vivir. Desde su perspectiva sin un aparato que le haga aparecer distante o lejano, antes bien cercano y accesible en todos los momentos. De hecho sacerdotes, laicos y personas que lo han visto actuar veían en él al obispo “cartero”, “bibliotecario”, “vestido de poncho y sombrero”, para finalmente ser nombrado como “obispo de los campesinos”.

Hasta 1962 era asesor nacional de la Acción Católica y tenía un rol decisivo en la fundación de la JOC y de la UNEC. Durante el concilio, Dammert participó en los encuentros de la llamada “comunidad de una comunidad inspirada del espíritu de Charles de Foucauld. Al comienzo del concilio, un grupo de obispos se reunió para estudiar la nota “Jesús, la Iglesia y los pobres”. Se reunieron unos 50 obispos, su tema: devolver a la Iglesia su rostro de pobre y presentaron al Santo Padre el documento.

Se consideró que esa intervención fue la más audaz y la más reformadora de todas las que se escucharon en la primera sesión y que el Concilio había encontrado su camino. Para el tiempo después del concilio, Dammert era el coordinador y el alma del grupo de “los obispos pequeños”. Dammert no solamente ha practicado - sea en su vida personal, sea en su trabajo pastoral - esa opción por los pobres, sino él era el motor de ese movimiento a nivel nacional hasta continental.

3. Obispo auxiliar en Lima

Monseñor José Dammert tuvo una participación decisiva en las Semanas Sociales de la Iglesia Peruana. Las semanas habían surgido por responder a las inquietudes por los cambios sociales. Dammert organizó 1959 la primera Semana Social en Lima; en su discurso hace ver el divorcio entre lo social (político) y lo espiritual (quiere decir: el culto) y presenta su visión de una Iglesia que denuncia la injusticia y anuncia el Reino de Dios: “Con la mayor tranquilidad o inocencia malgastamos nuestros esfuerzos para procurarnos arbitrios con los cuales aumentar el boato exterior del culto o revestir de plata las andas de alguna imagen de gusto dudoso. En cambio a nuestro alrededor muchos hijos de Dios sufren hambre, padecen enfermedad y miseria.

Cuánto bien se haría si reflexionáramos continuamente que la justicia obliga antes que la caridad; que lo recabado por la explotación de nuestros hermanos no se compensa con los donativos, más o menos crecidos, para el culto u obras de caridad. Debemos comprender que el cristianismo coge al hombre íntegro: no puede disociarse la vida de piedad de los quehaceres cotidianos; no se es buen cristiano, porque se frecuenta los sacramentos, aún diariamente, y no cumple con la justicia social. Corrientemente se confunde a la Iglesia con la Jerarquía eclesiástica, olvidando que en el Cuerpo Místico de Cristo todos los bautizados son sus miembros. Todos tienen la responsabilidad de evangelizar y son solidariamente responsables. Es indispensable recalcar que la doctrina social de la Iglesia brota de sus propias fuentes, que son la justicia y la caridad de Cristo”.

Mientras algunos prelados escuchan su discurso sin mayor emoción, se emocionan cuando Dammert ponga en práctica lo que ha dicho. Era el primer obispo de Lima que visitó sin avisar y solito, las barriadas más pobres de Lima. Se enteró una vez un obispo mayor y le llamó la atención. “Cómo es posible ensuciar la sotana, el vestido santo de un sacerdote, con el polvo y la basura de los pobres?” El 19 de marzo 1962 fue nombrado obispo de Cajamarca, una diócesis en los Andes, que nunca antes había visitado. Amigos de él confirman, que por la presión de unos prelados fue mandado a una diócesis lejana y aparentemente sin importancia (según los limeños) para que se “tranquilizara un poco” y para madurar (y de prueba - para recibir después cargos de más importancia).

4. Llegando a Cajamarca

Llegando a Cajamarca, Dammert se da cuenta del gran desafío que había aceptado. Llegó a Cajamarca sin haber conocido antes la diócesis y la ciudad. Cajamarca era y es una diócesis rural (1962: 95% campesinos). La gran mayoría del pueblo de Dios nunca había escuchado algo del mensaje verdadero del Evangelio (salvo en una interpretación alienante y según los intereses de los conquistadores) y por eso existía una discriminación y un desprecio frente a los campesinos, con muchos abusos de parte de los poderosos, del estado y de la iglesia. Las estructuras de la Iglesia local (incluyendo la formación de los sacerdotes, estructuras de las parroquias etc. etc.) no ayudaron a cambiar algo, más bien ayudaron a mantener o justificar el status quo.

La ignorancia religiosa se evidenció en la separación entre lo social y lo religioso y en el desconocimiento de la Biblia y de la Doctrina Social de la Iglesia. Y finalmente no había laicos preparados y pocos sacerdotes dispuestos a compartir las inquietudes de su obispo. El obispo interpretó la situación como anti-evangélico y sacó sus conclusiones para su trabajo pastoral y para la práctica. Su primer anhelo: implementar el “Espíritu” y las reformas del concilio Vaticano II. en su diócesis, empezando desde y con los pobres (mayormente campesinos). Un ejemplo: “Ante la iniciativa del senador por el departamento en ese entonces de pedir al Gobierno un millón de soles para restaurar y embellecer la Catedral, Pepe le escribe, desde Roma adonde asiste a la primera sesión del Concilio Vaticano II, diciéndole que a su juicio hay otras necesidades prioritarias.

Si de templos se trata allí están los de algunas parroquias de la periferia de la ciudad que no tienen cómo atender debidamente a sus feligreses. Además, y sobre todo, considera el obispo que tienen primacía algunas obras que exigen solución inmediata, y las enumera: cárcel (actualmente es una pocilga), canalización del río San Lucas que con sus aguas negras infecta a la población, funcionamiento del nuevo Hospital-Centro de salud, instalación de agua y desagüe en toda la ciudad y sigue el listado. La razón de esta inversión de valores respecto a lo que es generalmente aceptado, es necesario recordar a San Pablo que nos dice todos somos Templo del Espíritu Santo; por consiguiente, ante las inmensas necesidades de los pobres y ante las situaciones inhumanas en que viven, dice el obispo: no debemos vacilar”. (G. Gutiérrez) (2).

Se trata de un verdadero gesto profético del nuevo obispo que dará el tono a lo que hará a lo largo de su labor pastoral en Cajamarca. Al centro de ella se encuentran los seres humanos de carne y hueso, en particular los más desvalidos, en ellos debemos encontrar el rostro de Cristo nos dice el evangelio. Miguel Garnett, en su folleto “Don Pepe”: “Pronto los cajamarquinos descubrieron que la figura presentada por el nuevo Obispo distaba bastante de la que se habían acostumbrado a ver en su prelado. En pocas palabras, se puede decir que la labor que don Pepe inició en Cajamarca en 1962 iba a ser una tarea profética. Para los que comparten la visión del profeta, la vida ofrece un reto interesante, mientras que para los que no la comparten sólo puede haber frustraciones y choques con el profeta mismo.

Él proclama la palabra del Señor como una exigencia del cambio. No busca la comodidad sino la verdad. Muchas veces el profeta pone el mundo al revés, y precisamente esto es lo que sucedió en Cajamarca. En ningún momento fue la intención de don Pepe despreciar al las autoridades, pero sí era su intención poner en práctica la enseñanza cristiana que todos somos iguales a los ojos de Dios. Y, si hay preferencias, entonces que sean para los humildes y los pobres. Es la lógica del Evangelio que muchos, a pesar de haberlo leído, no entienden. En esta lógica no hay ninguna razón para dar las primeras bancas en la Catedral a las autoridades civiles, judiciales o militares. Pronto llovieron las críticas y las recriminaciones cuando vieron las primeras bancas ocupadas por los minusválidos y los campesinos.Especialmente aquellas damas piadosas que eran los pilares de la fe y de la llamada sociedad cristiana empezaron a gritar: Este desgraciado nos desprecia, es un Obispo de los indios!”

5. El obispo como pastor
Dammert desde un primer momento quería que los obispos estuvieran al servicio de una comunidad nueva, no siendo meros administradores de estructura envejecidas y apolilladas, o que fueron impuestas como copia de modelos extraños no adaptados a la realidad. Su tarea: “Hablar por los que no tienen voz y ser orientador de la renovación” (Dammert, junio 1973). Según Dammert (1963, julio), la misión y la función del obispo es:

a) ser maestro y doctor de la fe que consiste en enseñar la doctrina de la Iglesia, aprovechando la colaboración de personas informadas y servirse de los medios necesarios y a través de cartas pastorales;

b) ser pontífice, en la medida que realiza actos litúrgicos, multiplicando centros de oración en pequeñas comunidades dirigidas por laicos previamente preparados;

c) ser pastor de la iglesia particular asumiendo el papel de vigilar, felicitar y reprender, pero no asumir el trabajo del subordinado; debe entrar en contacto con la realidad, realizar visitas pastorales y entrar en contacto permanente con sacerdotes y dirigentes laicos; religiosos (as) e integrar el Consejo Pastoral, a la vez que el obispo debe conocer sus limitaciones;

d) ser padre y siervo que debe recorrer las calles, como uno de la multitud, sin distancias, conversar con quien se acerque;

e) ser garante de la iglesia universal y por eso colaborador con el Papa, para que sus acciones repercuten;

f) considerar algunas opciones prácticas que como cabeza requiere, como tener tiempo de descanso y estudio.

Para su misión el obispo creyó oportuno seguir el consejo del cardenal Landázuri que le había dicho que cuando vaya a otro lugar primero “ve, escucha y reflexiona, y solo después de seis meses haz algún cambio”. Estas palabras se plasmarían en estudios serios y luego en intervenciones concretas y cortas, sabiendo que “el problema de los hombres es fundamental”, una prioridad que debía concretarse en Cajamarca siguiendo lo dicho por Juan XXIII en la inauguración del Concilio en 1962: “La Iglesia se presenta y ella quiere ser la Iglesia de todos y particularmente la Iglesia de los pobres”. Esta misión tuvo repercusión a lo largo de sus treinta años.

6. Dammert - escritor e historiador

“La historia ha sido mi amor permanente. Una de las cosas que hice es el anuario eclesiástico del Perú. Además participé de un estudio socio - religioso sin ser científico social, he sido el primero en hacer el estudio sociológico sobre la Iglesia en el Perú”, decía Dammert (1991), pero no sólo eso, sino que, como lo muestran su archivo personal, ha sido un lector voraz y un escritor puntual y mordaz, que usaba su vieja máquina de escribir para redactar cartas, denuncias, artículos, relaciones, etc. Dammert se comunicaba escribiendo. Es un escritor conciso y a menudo gran citador de textos. Su trabajo de investigador lo llevaba a escribir fichas las que se plasmaba por lo general en un artículo no muy extenso, en la mayoría de las veces no superaban las tres carillas escritas a máquina. Mantuvo un archivo de las copias de sus artículos, pues todas, sin excepción, fueron escritas con copia a carbón.

Gran parte de este material se encuentra en el Instituto Bartolomé de Las Casas-Rimac, donde siguió trabajando como obispo emérito. Miguel Garnett, sacerdote y muy cercano al obispo por muchos años escribe: “Si uno lee lo que don Pepe ha escrito, ve una expresión lúcida de sus ideas y convicciones. Es de sospechar que mucha gente que lo ha criticado duramente, nunca se ha dado el trabajo de leer estos escritos, desparramados es verdad, en publicaciones diversas. El estilo de los escritos, como su autor, es parco y va siempre al grano, sin rodeos… El efecto de esta manera de hablar ha sido que, para mucha gente, don Pepe no estaba dispuesto a explicar sus ideas sino que las imponía. Una pena porque no ha sido su intención. Lo que don Pepe nunca ha aguantado son las discusiones inútiles y estériles” (3).

Lo cierto es que el obispo de Cajamarca antes que orador era un escritor y un narrador. Y para dirigir su diócesis se valió sobre todo de sus escritos; incluso cuando estaba ausente no dejaba de escribir y a menudo en forma de crónicas, descripciones de experiencias o conversaciones con personas, etc. En todos sus artículos, implícita o explícitamente, su honda preocupación por su diócesis está presente y se trasluce en las comparaciones que hace con otros. Los escritos, como se encuentran en su archivo personal, se pueden clasificar por el género literario y por los temas que desarrolla. Los destinatarios son generalmente los fieles de la diócesis de Cajamarca. Los documentos se encuentran en hojas mimeografiadas o en copia con papel carbón, o en forma de borrador, muchas de las páginas usadas son el reverso de algún oficio que recibió y no las desperdiciaba.

El interés por el campo de la historia, antes que por la formación académica, fue por una necesidad de entender la vida de la gente en el presente. Para lograr esto, en primer lugar, organizó el archivo del obispado; en segundo lugar, tomó contacto con los intelectuales de Cajamarca, quienes en el proceso supieron comprender y reconocer el aporte de Dammert a la historiografía cajamarquina. Su interés histórico le llevó a explorar la vida del siglo XVI, abordando diversos tópicos, pero sin descuidar el presente.

Un aspecto importante de sus escritos históricos es el relacionado con el mundo religioso. Explora diversas dimensiones de la religiosidad popular y el proceso de la Iglesia desde el siglo XVI; entre estos la importancia del Tercer Concilio Limense y el Arzobispo Mogrovejo y Loayza; la presencia de Las Casas en la emancipación; sobre Luna Pizarro; en torno a la guerra con Chile, sobre el clero diocesano en siglo XVI y sobre Cajamarca, entre otros. El sentido del estudio de la historia consiste en buscar consistencia a la práctica del presente y orientar las acciones para que no se repitan los errores que se cometen a menudo. Dammert, utiliza citas de la historia para describir lo que acontece en la actualidad y denunciar con firmeza la ignorancia, la desidia y la injusticia en las relaciones humanas.

7. La despedida

La aceptación repentina de la renuncia de don Pepe fue algo que ha chocado a muchos, tanto laicos como sacerdotes, y tiene que haber sido chocante para él mismo. Al fin y al cabo, él ejercía la presidencia de la Conferencia Episcopal Peruana, el país se encontraba al borde de un colapso total, el terror y la guerra civil estaban en su punto... y justamente en ese momento (!), el Vaticano acepta su renuncia en el mes de agosto según la carta oficial, firmada con la fecha exacta; pero Dammert se informó de la aceptación de su renuncia casualmente por radio fines del mes de octubre. Los obispos peruanos lo habían elegido como presidente porque han visto en don Pepe el único obispo que tenía la autoridad y personalidad para poder manejar una de las situaciones más graves en la historia del Perú.

Todos los rasgos y facetas de una personalidad bastante compleja afloran en la última Misa grande de don Pepe en Cajamarca, el día 10 de diciembre de 1992. No fue una Misa de despedida sino, a pedido explícito de los laicos en la comisión preparatoria, una Acción de Gracias por sus treinta años de labor pastoral aquí. A la celebración acudieron en su gran mayoría las personas sencillas - al son de los clarines y los tambores de los campesinos. Don Pepe no quiso usar ni mitra (el símbolo de los faraones, como lo llamaba la mitra) ni báculo. Nunca había sentido la necesidad de estos signos externos para reforzar su gobierno pastoral. Las autoridades y las damas de la sociedad brillaron por su ausencia y la celebración fue del pueblo común y corriente.

Uno de los momentos más emocionantes fue el del Ofertorio cuando sus amigos campesinos pusieron sobre el altar el sombrero, el poncho, la alforja y el bastón que don Pepe había usado para visitar los campos y la ciudad.

II. El trabajo pastoral-social de Dammert como obispo de Cajamarca

El inicio de su labor coincide con la renovación eclesial con el Concilio Vaticano II, y termina con su participación en la IV Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Santo Domingo, donde tuvo su última gran intervención. Durante este periodo, en distintas partes del mundo, las iglesias locales han tratado de aplicar los acuerdos emanados del Vaticano II. En América Latina las Conferencias de Medellín (1968) y de Puebla (1979) han sido los espacios que permitieron leer con ojos locales y trazar un plan para la acción pastoral de las iglesias en los siguientes años. Pero "ninguna diócesis en el Perú (como Cajamarca) fue más audaz en la implementación del espíritu del Concilio Vaticano II, de los lineamientos de Medellín y de las declaraciones de la Conferencia Episcopal Peruana" dijo Steidel (1975) y fue confirmado más tarde por J. Klaiber (“La historia de la Iglesia”, Lima 1988).

1. Punto de salida (análisis): La situación política - social - económica

Desde el año 1532, la región de Cajamarca era y es una de las regiones más pobres en los Andes. 1962, 95% de los fieles de la diócesis fueron campesinos. Sus sufrimientos dentro del contexto social y político son conocidos, porque en grandes rasgos pasó y pasa lo mismo en todo el continente. La Iglesia como institución defendía el status quo y violaba el evangelio, instrumentándolo como justificación del poder. Los mismos campesinos - a partir de 1963 - levantan su voz y manifiestan sus sufrimientos y descubren las causas de su miseria.

A los obispos reunidos en Puebla escriben: “Somos una diócesis rural. La gran mayoría de los cristianos somos campesinos. Nosotros tenemos una cultura que nos ayuda a ser humanos y cristianos. Nos damos cuenta de que nuestra cultura está en peligro. La Iglesia tiene que ser la primera en defendernos. Es todo un sistema injusto que nos desprecia y nos quiere aplastar. Pero a pesar de todos estos sufrimientos creemos que vale la pena vivir y luchar en el campo.

La Iglesia tiene que seguir el camino de Cristo. Exigimos que nos respeten y que no nos quiten nuestra cultura y nuestros derechos. Nosotros queremos una Iglesia que viste poncho y sombrero.” Para Dammert era algo esencial, ver y analizar la realidad en que los campesinos viven y dice: "En nuestro medio no existe la discriminación por la raza o por el color; pero, sí el desprecio por el campesino humilde, hacia el ‘cholo’; y todos tenemos que confesar que no hay igualdad en el trato hacia él: con evidente paternalismo - lo menos que puede calificarse - se le tutea; se echa mano de él para cualquier trabajo sin retribución, como si estuviera obligado a hacerlo; aún se le maltrata y sin ninguna clase de consideración hacia su persona, se le toma preso, sea culpable o inocente o íntimamente se considera que es inferior a nosotros. Qué lejos estamos de aceptarlo como a nuestro hermano y ver en él a Cristo.

Legalmente hay igualdad entre el hombre y la mujer; pero, en nuestro medio la mujer es perpetua servidora del hombre. En cuanto a las desigualdades sociales o económicas son tan evidentes que no es menester mencionarlas. Repito que no se trata substancialmente de modificar la legislación; sino nuestra mentalidad y actitudes. El reconocimiento de la dignidad humana será realizado por auténticos prójimos...." (1968, 9 abril).

La Situación pastoral y eclesial

Después de analizar la situación pastoral en su diócesis, Dammert habla de un triple déficit: El déficit en la evangelización - la ignorancia religiosa; el déficit en las estructuras de la Iglesia (local), estructuras impuestas; el déficit en laicos preparados y agentes pastorales. El diagnóstico pastoral afirma que la población sufría una “ignorancia religiosa” y la iglesia de una “debilidad institucional”.

La ignorancia religiosa

El testimonio de un catequista: “La Biblia no era conocida, porque a los campesinos no se les permitía tener una Biblia porque decían que un pobre campesino no puede entender la Sagrada Escritura ni menos interpretarla al derecho, ni manejarla como se debe. Solamente permitían a algunos pocos campesinos tener libros de Historia santa e Historia Sagrada y el Catecismo, que eran algunos fragmentos de la Biblia. En las pocas escuelas particulares que había se enseñaba el Catecismo, todo leído y puesto de memoria al pie de la letra, sin tratar de sacar conclusiones que se relacionen con la realidad presente; sin embargo en el cumplimiento de esta religión aprendida, los niños, jóvenes y adultos demostraban un temor y un respeto profundo a Dios, a los padres y mayores” (4).

Sin embargo, si no se conoce la Biblia no se conoce a Cristo, se trataba entonces de un “cristianismo sin Cristo”. La “ignorancia religiosa” se explicaba por los procesos en la evangelización que “predicaron verdades y principios católicos, pero la esencia del cristianismo, la adhesión a la persona de Cristo, quedó cubierta por el ropaje del catolicismo, y el Hijo de Dios no tiene el papel fundamental que le compete en la Iglesia” (Dammert 1973).

El obispo denomina como “ignorancia religiosa”, que consiste en una deficiente instrucción en la doctrina cristiana y social, carente de convicciones y de compromiso con la sociedad. Se había llegado a "algunas situaciones alarmantes", que entre otras cosas le lleva a decir al obispo: "falta hacer atractivo el culto litúrgico y lograr una participación activa… serias deficiencias en la caridad… por un marcado individualismo… personas que figuran como cristianas muchas veces limitan su caridad a los amigos personales… se observa una falta absoluta de piedad que vivifique todas sus obras… Tal vez se toma a la religión como un compromiso, carente de convicciones profundas y se considera uno católico cuando entra al templo; esto ocasiona la ausencia de criterios morales… también la ignorancia de la doctrina social de la Iglesia y el incumplimiento de las obligaciones sociales". (1963, 15 mayo).

La formación había insistido sobre todo en aspectos ligados a lo material y lo superfluo, olvidando lo esencial: la condición de la persona humana. Por eso en otra oportunidad el obispo dice: "Es triste que se califiquen de muy católicos quienes solo tienen en mente dedicar sus esfuerzos a las paredes y torres de los templos, y desprecian a sus hermanos, a quienes también explotan: los reproches de Jesús todavía tienen vigencia" (1973, 20 octubre).

Debilidad institucional

Al evaluar la situación eclesial en Cajamarca llega a decir el obispo que "no es posible que después de 450 años de evangelización y de bautizo de la población, estemos en la condición de países de misión sin estructuras eclesiales autóctonas" (1988, 5 septiembre). Vale decir, que la iglesia en Cajamarca, después de tantos siglos, no había logrado poner las bases para organizar una iglesia local fuerte, una iglesia fiel a sus principios evangélicos, capaz de propiciar, de alguna manera, la creación de una sociedad diferente.

Las estructuras eclesiásticas de la Iglesia en la sociedad cajamarquina no responden a la realidad pastoral, por razones legalistas y prácticas. "Las estructuras eclesiásticas no responden a la realidad pastoral actual, y a mi parecer en América Latina nunca se adecuaron debidamente por haber sido simplemente transportadas y no arraigaron. Provincias eclesiásticas, diócesis y parroquias tienen armazones ficticios y los obispos y sacerdotes nos sentimos enmarcados dentro de un sistema que no satisface absolutamente". (1971, octubre).

Hay una debilidad de la institución por la escasez de agentes pastorales, que generaba otro problema como el de la concentración del poder bajo la forma del "clericalismo", que era aceptado culturalmente incluso por la población. Dammert llega a la conclusión que las estructuras eclesiásticas no responden a la realidad pastoral, pues las provincias eclesiásticas son puramente legalistas y no corresponden a zonas apostólicas.

El déficit en laicos preparados y agentes pastorales

Los datos arrojaban una situación difícil para la atención pastoral, que el obispo señala repetidamente a lo largo de su periodo: la escasez de sacerdotes. La vida de la comunidad de fieles estaba muy centrada en la iniciativa del sacerdote y muchas veces sus roles se habían reducido al servicio de las prácticas rituales populares. El obispo muy consciente de estos problemas, sin embargo, comentando los textos de consulta para el encuentro de Medellín en 1968, decía: “Los eclesiásticos debemos sobresalir por nuestra austeridad, debemos dar a la sociedad civil, ejemplo de realizaciones sin grandes gastos.

Fácilmente queremos compararnos a las entidades estatales por la presentación (no por el tecnicismo) de ciertas oficinas, multiplicamos las reuniones y los viajes sin evaluar su importancia… aparentamos ser ricos… y en realidad somos pobres, porque confundimos la dignidad episcopal - somos sucesores de unos pobres pescadores de Galilea - con el prestigio social o el fausto exterior”. En una palabra, el diagnóstico pastoral arrojaba una sociedad cajamarquina tradicional cuyas relaciones sociales siguen siendo tributarias del colonialismo, con una débil formación religiosa y escasez de sacerdotes. Esto requería, por tanto, la construcción de estructuras autóctonas, la realización de una reevangelización y la preparación de los laicos para hacer frente el problema de manera eficaz.

2. La acción pastoral de Dammert

El plan pastoral de Dammert tenía sus prioridades en la evangelización, a la formación de una Iglesia de Cristo encarnada en las comunidades y en medio de los pobres y en la formación de laicos y de agentes pastorales. Hay que mencionar que Dammert, llegando a Cajamarca, no tenía un “plan de trabajo”, no tenía conceptos fijos, sin embargo, tenía una visión clara de lo que significa “ser Iglesia”. En primer lugar, el plan pastoral no pretendía iniciar tabula rasa desconociendo la experiencia anterior. Reconoce los errores por desconocimiento de la realidad, por aplicación de objetivos y métodos extraños. El deficiente funcionamiento de las estructuras eclesiásticas requería de un replanteamiento de sus prioridades pastorales, que implicaban a su vez superar la "ignorancia religiosa", desarrollando un plan de "re - evangelización" y haciendo que los miembros laicos sean también agentes pastorales locales. La idea era crear una comunidad cristiana en la realidad cajamarquina, formarla desde las necesidades y las capacidades de la gente del lugar.

La re - evangelización

El resultado de la llamada primera evangelización era "una gran masa campesina, toda ella bautizada dentro del seno de la Iglesia Católica por tradición y costumbre social e ignorante en materia religiosa, que fácilmente acepta las prédicas de las sectas protestantes" (1975, 19 marzo). Por lo tanto requería de una re - educación en la fe y esta acción no debe repetir la anterior experiencia. La re - evangelización debiera estar atenta a las necesidades de la gente y empezar por los más pobres. Este es un criterio importante y debe orientar "a aquellos cuya pobreza - a pesar de ser portadores de una cultura profunda - llega al extremo de que, puesto en contacto con una civilización, unas estructuras y unos valores extraños a una cosmovisión ancestral, difícilmente pueden captar por sí mismos la lamentable situación que padecen, y (de) sus verdaderas causas y las posibles soluciones" (1977, 17 octubre).

Esto implicaba combatir la ignorancia a través de un programa cuyo objetivo era que las personas tomaran conciencia de su dignidad y de su participación sin subordinarse a nadie. En cierto sentido, la prédica y la acción habían caído en un terreno apropiado y habían calado en el despertar de la conciencia religiosa y social del campesinado que se expresaba en el rechazo de una situación de opresión, marginación y discriminación, y en el descubrimiento de sus potencialidades y capacidades.

De este modo, el campesino re-descubre su "filiación divina" y su "fraternidad con los demás hombres" y se organiza para luchar en contra de la injusticia y las desigualdades. Se levanta su dignidad como persona para hacer frente a las actitudes de desprecio y explotación. La re - evangelización se había encaminado a "abrir los ojos" y hacer saber las potencialidades de los campesinos.

La re - evangelización debía continuar mediante la formación sobre todo del mundo laico del campo y de la ciudad y que formen parte de comunidades eclesiales socialmente fuertes. Esto requería necesariamente de liderazgos locales igualmente fuertes y la iglesia cajamarquina se propuso capacitar y especializar a los laicos para diversas funciones, mediante la enseñanza de la doctrina de la iglesia y la administración de algunos sacramentos. Esta sería una manera de enfrentar las restricciones geográficas y los condicionamientos culturales con raigambre histórica. El camino de la re - evangelización debe ser presidido por el obispo considerado por su propia vocación y misión como el maestro de la catequesis. Comunidades eclesiales de base o estructuras eclesiales sociológicas.

"Creo conveniente edificar la comunidad eclesial sobre la base sociológica para no organizar estructuras artificiales que no eche raíces. Estimo que en la evangelización de las Indias hubo una grave equivocación al transplantar, pura y simplemente, las estructuras eclesiásticas europeas" (1976, 19 octubre). El principio de la organización fue no copiar o trasplantar otras experiencias en Cajamarca, sino "adaptar" la idea de comunidad cristiana a la realidad cajamarquina, es decir formarla desde las necesidades y las capacidades de la gente del lugar.

Esto significaba que no se debería identificar comunidad eclesial con parroquia. Pues dentro de ésta podría haber muchas comunidades eclesiales de distinto orden. Una comunidad cristiana no está referida necesariamente a un territorio, sino estaría ordenada por una manera de vivir y estar organizados alrededor de una misión y de un conjunto de prácticas, donde se pueda leer y reflexionar en torno a la Biblia, compartir y discutir los problemas que afectan a sus miembros y a la colectividad y coordinar tareas en beneficio de otros a través del método ver - juzgar - actuar, propiciando la participación en los diversos niveles de la vida social.

Lo más importante en la concepción de la comunidad cristiana es la participación en los diversos niveles de la vida social. Esto significaba que los miembros que participaban dejaban de lado el anonimato y el "ninguneo" (para usar una palabra de José María Arguedas), al que habían sido empujados por diversas razones, para pasar a ser sujetos capaces, no sólo de participar en la constitución de su comunidad sino ser agentes activos en la sociedad mayor. La formación de las comunidades eclesiales debía basarse en el principio de que nadie debía sentirse extraño y las ya existentes, de hecho, han ido constituyéndose con limitaciones tanto en el campo como en la ciudad.

En la zona rural, las comunidades estaban constituidas por campesinos que tenían como dirigentes religiosos a bautizadores, catequistas y comités pastorales nativos en las zonas más alejadas. La comunidad cristiana era, entonces, un concepto a-espacial y cualitativo en la medida en que estaba constituida por grupos humanos que se reunían para evaluar la situación en que viven, confrontarla a la luz de la Biblia y trazar las tareas de compromiso en la localidad.

La formación de laicos y de agentes pastorales:

"Se constata que tenemos pocos dirigentes laicos bien formados por la indiferencia general que origina la carencia de espíritu apostólico; por considerarse a la religión solamente bajo el aspecto de piedad; por no aprovechar a los elementos existentes que se pierden en la multiplicidad de pequeñas obras; porque los sacerdotes no han procurado o no han sabido descubrir a los líderes capaces de formación apostólica; por influencias externas contraria a la religión; por la desmesurada extensión de las parroquias; por no poseer en la diócesis casas de ejercicios o escuela de dirigentes (1965, 22 de agosto).

¿Qué y cómo hacer para lograr formar comunidades con basamento local que puedan adecuarse a los lineamientos del Concilio Vaticano II y de las Conferencias Episcopales de Medellín y Puebla? La formación de agentes locales se incrementó y por lo tanto también creció el número de dirigentes religiosos inmediatos. Se trataba de militantes seglares que debían ser el fermento cristiano en los diversos ambientes. La formación de los nuevos agentes debería superar la mentalidad jerarquizada y excluyente. Estos planteamientos significan que debían superarse algunas deficiencias con tal de “despertar en los laicos la conciencia de su responsabilidad de la Iglesia”.

De este modo se vislumbraron nuevos ministerios sin desplazar a los sacerdotes y religiosas y que al mismo tiempo pudieran cumplir roles y funciones complementarios en la marcha de las comunidades cristianas. La formación debería ser en todos los niveles y grados, pero con un objetivo muy concreto: hacer que la gente pueda valerse por si misma y pueda participar activamente de su organización y destino.

La formación dada a los laicos y sobre todo a los campesinos se logró concretar en octubre de 1970 cuando el obispo delega oficialmente a tres catequistas "ad experimentum" con la autorización verbal que el Papa Pablo VI le había concedido en audiencia del 14 de marzo de 1969. Los catequistas podían administrar el sacramento del bautismo en forma ordinaria, previa preparación de los padres y padrinos. Esa concesión fue renovada y extendida por el Rescripto de la Sagrada Congregación de Sacramentos a todo el Perú; la que también facultó al Episcopado Peruano para que los catequistas sirviesen como testigos calificados en la celebración sacramental del Matrimonio en ausencia del sacerdote. Con otras palabras: la experiencia de Cajamarca sirvió de ejemplo para todo el Perú y del continente.

Aporte de misioneros extranjeros

Parece paradójico, Dammert logró construir de alguna manera una Iglesia autóctona y lo logró más por la colaboración y el compromiso de agentes pastorales que venían del extranjero que por el mismo clero peruano o incluso serrano. Después de la primera semana pastoral en Cajamarca, en el mes de enero del año 1963 y bajo la dirección del canónico francés Abbé Boulard, solamente 5 de los 33 sacerdotes presentes se entusiasmaron por el nuevo desafío del Concilio y del nuevo obispo. Tres de ellos se fueron a Bambamarca, donde se quedaron hasta 1968/69 (Bartolini, Fernández, A. Mundaca). Los dos otros formaron un equipo volante, Alfonso Castañeda y Alois Eichenlaub, sacerdote alemán y el único extranjero.

En 1969, de los 5 sacerdotes que habían comenzado con Dammert, se quedó solamente uno: Alois Eichenlaub. El mismo año llegó un segundo sacerdote alemán, después ingleses, belgas, españoles y otros. En 1973 ya había 13 sacerdotes extranjeros y ellos llegaron a ser los pilares de una “Iglesia de poncho y sombrero”, especialmente en Bambamarca (1970 - 1978).

Resumen

La acción pastoral es el resultado de la visión eclesial del obispo a base de un profundo análisis sociocultural y pastoral-eclesial. El evangelio de Jesús el Cristo es el fundamento para poder sacar el pueblo de la “oscuridad a la luz”. Los resultados (consecuencias) del mensaje se ve en un cambio del concepto de Dios: de un “Dios de los blancos” a un “Dios con nosotros” - y con una opción preferencial; de una nueva interpretación de la realidad como un estado no compatible con el anuncio del Reino; de un nuevo concepto del hombre como hijo/a de Dios, incluyendo una dignidad divina con derechos fundamentales y de una Iglesia como comunidad en la que se comparte “el pan de cada día”, siendo así el sacramento de la presencia de Dios entre los hombres (5).
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Literatura (no completa)

Mujica, Luís: Poncho y sombrero, alforja y bastón; CEP, Lima 2005.

Osorio, Alberto: 30 años de cambios pastorales en Bambamarca: 1963 - 1993. Lima, 1999 Equipo pastoral de Bambamarca: Vamos Caminando. Los Campesinos buscamos con Cristo el camino de la Liberación. Lima: CEP, 1976.

Eichenlaub, Alois und Buse Mónica (editorial): “Las lamentaciones de los que sufren no me dejan tranquilo”, AOMC, Cajamarca 1994.

Knecht, Willi: Monseñor José Dammert Bellido - El buen pastor de una “Iglesia de poncho y sombrero”; ponencia en Cuernavaca, publicado (entre otros) en la Revista de Teología “Christus”.
Knecht, Willi: „Die Wehklagen derer, die leiden, lassen mich nicht ruhen“ In: Meier, Johannes (Hrsg.): „Die Armen zuerst!“ - Zwölf Lebensbilder lateinamerikanischer Bischöfe.
Klinger, Elmar; Knecht, Willi; Fuchs, Ottmar: Die globale Verantwortung - Partnerschaften zwischen Pfarreien in Deutschland und Peru. Würzburg: Echter, 2001. Con los artículos siguientes, entre otros:
- Bettazzi, Luigi (Obispo de Ivrea, Italia): El grupo de los „pequeños obispos“ (Dammert)
- De la Loma, Jesús Flores (alias): „Sigamos caminando - un llamado a ser fieles! (en castellano)
- Gutiérrez, Gustavo: „Pepe”! (en castellano)
- Herrera, Leonardo: „Despierta, hermano campesino!“ (en castellano)
- Knecht, Willi: “Partnerschaften entre parroquias de Alemania y de Cajamarca“.
- Knecht, Willi: „La diócesis de Cajamarca“.
- Knecht, Willi: „La Partnerschaft entre St. Jorge, Ulm - San Pedro, Cajamarca“.
- Knecht, Willi: „Y el camino sigue...“!
- Mujica, Luís: „La pedagogía de la acción pastoral” (en castellano)
- Garnett, Miguel: “El seminario San José, Cajamarca” (en castellano)

Garnett, Miguel: Don Pepe. Cajamarca: AOMC, 1993
Sevillano, Manolo: Injertados en el pueblo - cinco años en el campo de Bambamarca. AOMC,Cajamarca, 1989.

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El resultado del estudio de 1997 a 2004 sobre Monseñor Dammert y la Iglesia de Cajamarca se publicará en el mes de octubre 2005, en alemán), el título: “La Iglesia de Cajamarca - el desafío de una opción por los pobres”. Todos los resultados del estudio, muchos artículos en alemán y castellano y todas las noticias, artículos básicos sobre Yanacocha - El oro de Caxamalca (p. ej. de Marco Arana) en: www.cajamarca.de

Dr. Willi Knecht
Schlesienweg 99
89075 Ulm

WEB: www.cajamarca.de, williknecht.de

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Curriculum vitae
Fecha de nacimiento: 7 de marzo 1947 en Herxheim, Alemania, como último de los 4 hijos de mis padres Maria y Jakob Knecht. Estado civil casado; matrimonio con Amelia Margarita Centurión Chávez, (de Cajamarca, Perú) fecha: el 1 de marzo 1980 en la iglesia San Pedro de Cajamarca. Dos hijos: Ana Maria (29.1.1981) y Michael (5.5.1983) Residencia: Ulm, Alemania (diocesis de Rottenburg-Stuttgart)
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Estudios - Profesión:

1966: bachillerato
1970: licenciado en pedagogía
1975: licenciado en teología (universidad de Jesuitas – Frankfurt)
1976: Para 4 años como “agente pastoral”, laico, en la parroquia de San Carlos de Bambamarca, diócesis de Cajamarca.
1981: Profesor de religión en la diócesis de Rottenburg - Stuttgart; Responsable en la formación de laicos en la diócesis; Asesoramiento de parroquias (conceptos pastorales etc.)
1982: Fundador de la Partnerschaft (confraternidad) San Jorge de Ulm con San Pedro, Cajamarca.
1997: Coordinador del estudio sobre “30 años de un trabajo socialpastoral en la diócesis de Cajamarca, Perú”; (colaboración entre las facultades de teología de Würzburg y Tubinga y el Instituto Bartolomé de las Casas, Lima).
2001: Editor del libro “Die globale Verantwortung” - con resultados del estudio y con muchos artículos (entre otros de G. Gutiérrez) sobre Dammert y la Iglesia de Cajamarca.
2002: A partir del 1 de septiembre: después de mi trabajo en la universidad, volviendo al servicio de mi diócesis. Publicación de diferentes artículos en libros y revistas de Teología en Alemania.
2004: Doctorado en teología en la universidades de Wuerzburg (Prof. Dr. Klinger) y de Tubinga (Prof. Dr. Ottmar Fuchs).
2005: Publicación de mi libro: “La Iglesia de Cajamarca - el desafío de una opción por los pobres” (en alemán).


Notas

(1) Este artículo lo presenté en el encuentro internacional de CEHILA en Cuernavaca, Méjico, el 25 de octubre a 2 de noviembre 2002 (lo siguiente es un extracto de la ponencia). CEHILA (Centro de Historia de la Iglesia de Latinoamérica) me invitó como representante de CEHILA - Perú para presentar y exponer mi trabajo sobre la vida y obra de Monseñor José Dammert Bellido. CEHILA está preparando una “Nueva Patrística de América Latina”, escogiendo y presentando 10 obispos ejemplares. Entre ellos figura Monseñor Dammert. Los criterios para escoger a los 10 obispos: Su importancia en el proceso de una renovación de la Iglesia a través del Vaticano II.; la implementación del “espíritu del concilio” en la realidad latina; su rol en las conferencias episcopales de los obispos latinoamericanos, especialmente en Medellín; su opción por los pobres, una opción vivida en propia carne; su credibilidad y testimonio personal de una entrega a los pobres, denunciando así las injusticias, que “gritan al cielo” y anunciando una nueva justicia de paz y amor - el reino de Dios.

La ponencia despertó mucho interés y fue publicado en varias revistas internacionales (en Méjico, Nicaragua, Brasil, Argentina). Hay un interés muy grande en no olvidarse de todos los logros de los años 60 hasta 90 y de los profetas de aquel tiempo (¡y del futuro!). Porque las enseñanzas del concilio y de los documentes de Medellín, Puebla, de los documentos de los obispos peruanos etc. siguen en vigor - y por supuesto el mismo evangelio de Jesucristo.

(2) “Die globale Verantwortung - Partnerschaften zwischen Pfarreien in Deutschland und Peru”, Würzburg 2001.

(3) “Las lamentaciones de los que sufren no me dejan tranquilo”, Homenaje a Monseñor José Dammert Bellido, obispo emérito de Cajamarca; AOMC y Municipalidad de Cajamarca, 1994.

(4) Juan Sánchez Montoya: „Testimonios de nuestra provincia de San Marcos”, AOMP, Cajamarca 1993.

(5) Nota actualizada 2005: Hay que analizar fríamente las palabras dirigidas del Nuncio apostólico a los fieles de nuestra diócesis al inicio de la Misa de Toma de Posesión de Monseñor José Carmelo Martínez Lázaro, el día 19 de diciembre 2004. Muchos historiadores, teólogos y CEHILA. consideran la labor de Monseñor Dammert como el mejor ejemplo de la implantación y realización del concilio. Si el Nuncio ahora habla de una época de intemperie, etc., debido a la misma época post-conciliar, se opone abiertamente al concilio, a los documentos de Medellín, Puebla y a los mismos documentos de la Iglesia peruana! Según el Nuncio (y muchos obispos más), hay que volver a los tiempos pre-conciliares, quieren una Iglesia que retorne a los años 50 y más atrás - una iglesia de „curas de misas y ollas“ - en lugar de ser una Iglesia del pueblo y para el pueblo.

Nota especial:
La diócesis de Cajamarca es la diócesis donde más se aplicó el “Espíritu del Concilio”, de Medellín y de otros documentos de la Iglesia. Es el mejor ejemplo de la aplicación en la realidad concreta de los más pobres (según J. Klaiber entre otros). En Cajamarca, bajo el “gobierno” del buen Pastor de una Iglesia de poncho y sombrero, Monseñor José Dammert, se puede observar los resultados de esa aplicación, de esa renovación de Iglesia: el despertar de los campesinos que descubrieron que todos son hijos del mismo Padre.

Sin embargo, el nuncio apostólico del Perú, en la toma del poder del nuevo obispo de Cajamarca, el 19 de diciembre 2004, habló sobre la época de Dammert, diciendo que los 30 años de Dammert han dejado unas heridas muy grandes y habló de un tiempo de intemperie y de desordenes. Por eso hay que reconstruir la iglesia y felicitó a Monseñor Simón por su gran labor…

En su respuesta a la carta de protesta de la asamblea diocesana precisó que esos desordenes y la intemperie de esos 30 años se deben a la época post-conciliar. Quiere decir, que el mismo concilio es la causa de tantas “tempestades”. Y con eso, el nuncio - en nombre de la curia romana - se pone encima del concilio, la máxima autoridad de la Iglesia. ¡Quieren volver a la época pre-conciliar…!

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